Dostoyevsky

Hoy que  los políticos están alegres, no por ser huéspedes de la realeza en   la Gran Bretaña, sino  por la captura de un simple delincuente, La Tuta, que presumen como merecido  galardón.  Y aquí, los círculos mediáticos, casi todos, le dan vuelo en sus portadas como preámbulo de que ya se comienza a creer en su joven mandante, quien acaba de ser enroques en su destartalado gobierno, lo mejor es hablar, para no molestar a nadie, de asuntos menos triviales y que nos permitan acceder, eso sí, a una mejor altura:

Don Jorge Bermejo, laureado cronista deportivo, obvio, nos afirma, y le sobra razón “A tu escrito sobre “el libro  y la lectura”, mi querido Carlos y muy propio a tu personalidad, yo sólo le aumentaría las palabras de Fedor Dostoyevsky que cuando estaba prisionero en Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y rodeado por desoladas llanuras de nieve infinita y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: “enviadme libros, muchos libros para que mi alma no muera”.

Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua, pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón, porque la agonía física, biológica natural de un cuerpo, por hambre, sed o frio, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

O como también nos ilustra doña Ana María Rodríguez: “los libros son tesoros que otros nos transmiten”.

Gracias a estos dos.

craveloygalindo@yahoo.com.mx

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