Mentiras políticas

La aproximación a las elecciones locales trae consigo una riada de mentiras que sólo creen los que las sueltan.  Mentiritas y mentirijillas cada tres años y mentirotas cada seis con las elecciones federales. El trabajo de los candidatos es creer que les creen y el de los ciudadanos -la gran mayoría- hacerles creer que en ellos sí creen. Es el juego temporalero que todos juegan en la democracia.

La propaganda moderna la manejan los expertos en una mercadotecnia que garantiza resultados de antemano. Todo está en la computadora y eso es infalible. Sea verdad, o  no, si las encuestas y las proyecciones lo dicen, así será.

Jean-Jacques Courtine, escribía que “en el siglo XX la mentira entró en la fase de producción y del consumo masivo, es hoy día electrónica, instantánea, global: el producto de una organización racional y de una rigurosa división del trabajo”

Podríamos decir que estamos viviendo el siglo de Oro de la mentira política (acompañada de las triquiñuelas que sueltan los representantes laborales, sociales, culturales y comerciales) de personajes que han hecho un arte de este oficio.

Al término de las elecciones, sin importar quién gane, sentiremos que hemos perdido la autoestima al avalar sus mentiras y que nos hemos convertido en cómplices de la corrupción en un proceso que sabemos inmoral. Tendremos representantes que simularán cumplir con lo prometido; gobernarán a pueblos inertes, envilecidos por la desigualdad existente en Estados desguazados y corrompidos. No pasará nada, como no ha pasado en las últimas décadas. No gritaremos con el poeta T. Maritti: “La guerra es bella”.

 

Debemos reconocer que la historia de la humanidad, a partir de la división entre gobernantes y gobernados ha estado acompañada de la falsedad. Los griegos estaban conscientes en su democracia que no podía hacerse política sin recurrir a las mentiras, acompañadas de calumnias, suposiciones, rumores, chismes. Como escribiera Platón: “Si hay, pues, alguien a quien le sea lícito faltar a la verdad, serán los gobernantes de la ciudad, que podrán mentir respecto a sus enemigos o conciudadanos en beneficio de la comunidad, sin que ninguna otra persona esté autorizada a hacerlo”.

El escritor irlandés Jonathan Swift afirmó en su obra “El arte de la mentira política” (1712) que esta no se improvisa. Se calcula, se cultiva, se destila y se sopesa. (Autor de Los viajes de Gulliver)

Es, decía, el arte de hacer creer al pueblo falsedades saludables con vista a un buen fin.

         Más de un mexicano inicia su vida en medio de una gran falsedad: Presentaron a un niño vivo, se asienta en el acta de nacimiento, cuando a lo largo de la vida de muchos de vivo no tuvieron nada y otros se pasaron de lo mismo. De ahí pa’l real, nacemos, nos reproducimos –mucho- y morimos en medio de la mentira, sobre todo escuchando las de los políticos. 

         Recordemos al doctor House: Todos mienten.         

 

 

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