Cuerdas

Por la tarde busqué en lo recóndito de mi disco duro alguna remembranza para deshilvanarla; pero la caja de los recuerdos no aportaba nada.

En esta ocasión, no habría columna “La vida como es…”, pensé.

Mientras esto pasaba, escuché en la radio: “cuerdas de mi guitarra/que en dulces ayes sonando van/lloren que cuando lloran/también mis ojos llorando están”, pasodoble de Agustín Lara, el flaco de Tlacotalpan.

-¿Qué te apura? Tu disco duro tiene cuerda para rato, me dijeron.

Hacía poco había rescatado de mi legajo de informes el correspondiente a la reunión mundial sobre los avances de la “teoría de cuerdas”, que no es otra cosa que ver el origen del universo, desde una diferente óptica.

Está fácil, pensé, es sólo razonar qué pasó previamente al principio de todo, antes del Big Bang; cuestión que era religiosa y ahora es ciencia. Revisar las conclusiones de ese congreso, que fue conocido como Strings 07, me llevó a pensar en que muchas ideas de la física van a cambiar en este siglo XXI. No es que las cuerdas tiren por tierra lo que hasta ahora se sabe  -casi ninguna buena propuesta científica lo ha hecho en la historia- sino que se pretende dar pasos más lejos para profundizar y explicar lo inexplicable.

De mis primeras experiencias educativas me quedé en los protones, neutrones y electrones que formaban un átomo (el indivisible); pero a las nuevas generaciones les agregaron los quarks, antiquarks, piones, kaones, muones y muchas madrecitas más. A esto, los científicos modernos buscaron un último eslabón, que es el gravitón, el que nos lleva a la teoría de las cuerdas.

No quiero darle más cuerda al asunto; es tan vasto el tema. Como las llamadas cuatro  leyes de las cuerdas: La primera dice que el número de vibraciones de una cuerda es inversamente proporcional a su longitud; la segunda, el número de vibraciones de una cuerda es inversamente proporcional a su diámetro; la tercera nos indica que el número de vibraciones de una cuerda es inversamente proporcional a la raíz cuadrada de su densidad; y finalmente la cuarta ley nos dice que el número de vibraciones de una cuerda es directamente proporcional a la raíz cuadrada de su tensión.

Después de lo anterior seguramente mis ciber-seguidores estarán fas…ci…na…dos, con tan interesante información.

En los conciertos tenemos instrumentos de percusión, aliento y también de cuerdas. Estos últimos incluyen violines, violas, guitarras, guitarrones y tololoches.

En mis aventuras de alpinista utilicé cuerdas de henequén o de hilaza que cuando se mojaban duplicaban su peso y hacían muy difícil su manipulación. Esto mejoró mucho cuando llegaron los plásticos; piolas más ligeras, seguras y hasta estéticas.

Mónica se remonta a su infancia cuando se divertía con la cuerda para saltar o de cuando sus cuerdas bucales, con la edad, le cambiaron la voz (voz cachonda y sensual)

Federico García Lorca, el poeta español reivindicado más de medio siglo después de su asesinato escribía: “La guitarra, hace llorar a los sueños/El sollozo de las almas perdidas, se escapa por su boca redonda…”

El poeta granadino, decía, en otro verso “…Como un arco de viola. El grito ha hecho vibrar. Largas cuerdas del viento…”

Para los cinéfilos, la película “Contra las cuerdas” nos remite a la vida de Jackie Kallen, (interpretado por Meg Ryan) una mujer que se crio entre los gimnasios de boxeo de Detroit; fue considerada como una de las managers más sobresalientes de su tiempo. La frase quedó para designar a alguien que está atrapado, a quien han puesto contra las cuerdas.

Antes de que de que a los delincuentes de diverso cuño les enviaran a La Palma, Tepic, Puente Grande, Topo Chico o cualesquier otro centro de descanso, había remesas para las Islas Marías conocidas como “cuerdas”; temidas por unos, pues sabían que no habría regreso, pero solicitadas por otros, pues podían –como hasta la fecha- llevar a su familia para que les acompañaren en su condena.

Rubén Darío, tituló un poema: “Que el amor no admite cuerdas reflexiones”, que no habla de cuerdas de guitarra ni de reflexiones.

Siempre he presumido de ser una persona cuerda y que el hilo de acero que me mantiene vinculado a la cordura y la vida está trenzado de conceptos, no de sentimientos. Por lo mismo, cansado de dar tanta cuerda al asunto y sin olvidar la vieja advertencia de: no hables de cuerdas en casa del ahorcado, me dispongo a rebuscar en mi disco duro algún tema para la siguiente columna.

 

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