Descanso

La vida como es…

De Octavio Raziel

 

 

“Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día” (Éxodo 20: 11; 31)

         Resulta que Dios eterno, que es Jehová, aquel que todos creían infatigable, que no desfallece ni se cansa, tuvo que tomarse el séptimo día para el reposo (shabath, que significa literalmente reposo o “cesar” una actividad). Antes, sólo se divertía saltando de galaxia en galaxia, viendo que estallaban las estrellas como fuegos pirotécnicos de mil colores. Isaías (40:28) justifica esto como el mero resultado de un cambio de ocupación. Las nuevas generaciones dirían: démonos un espacio.

“Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo” (Génesis 2: 2).

Iahvé, ese Dios de Israel, rencoroso y feroz, actúa como un artífice humano que completa su obra; y realizado su ideal, cesa el esfuerzo divino.  Fue un descanso de 24 horas, las mismas que tuvieron cada uno de los días previos, cuando se entretuvo haciendo cosas. Por ello, el trasfondo de la frase: “tarde fue, mañana fue, el séptimo día”, ya que el Shabath se inicia con la conjunción entre el día anterior con el nuevo día.

Dios no descansó porque lo necesitara. No es el humano que busca una silla, se apoltrona, toma un cigarrillo, lo enciende, y lo disfruta (pese al cáncer y otros pequeños inconvenientes que suponemos a Él no afectan) El vino, aquella bebida espirituosa que le adjudican a Henoc y que ha emborrachado, a partir de ese momento, a toda la humanidad, fue escarceado en una límpida copa de cristal para deleite del Jefe de jefes.

                  La creación del Universo y de los seres humanos, los que a su vez inventaron al Creador, es sólo un dogma; aceptando que los dogmas son formas de locura, del mismo modo que la pureza extrema alcanza a veces la forma de la más refinada crueldad.

El ser humano debería preguntarse qué tanto trabajó el Señor para tener que descansar, mientras que los gnósticos aseguramos que Él existe en la mente de quienes se sienten solos, en medio de la nada; Dios es el silencio del universo, mientras que el hombre, el grito que da sentido a ese silencio.

Los hombres, a diferencia de Dios, estamos conscientes de trabajar y descansar. Reponer energías perdidas en todas las labores, incluidas la no permitidas, ha sido la lucha de los hombres a través de su historia sobre este planeta azul.

Lleno de ternura, es el pequeño verso en el que El fantasma de Canterville (Oscar Wilde) se lamenta de no poder descansar en paz

 

“La muerte, debe ser hermosa.

Descansar en la blanda tierra oscura,

Mientras las hierbas se balancean

Encima de nuestra cabeza

Y escuchar el silencio…

No tener ni ayer ni mañana,

Olvidarse del tiempo y de la vida,

Yacer en paz”.

 

                  Todo el anterior rollo es la justificación –como hizo el Todopoderoso– para tomarme un Shabath, que a cualquiera le va bien. He decidido, de manera unilateral, como Él acostumbra, darle un séptimo día a La vida como es…, y permitir un descanso de varias semanas a mis lectores. 

 

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