El pintor de los volcanes

 

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Todos, o casi todos, sabemos del peliculesco Dr. Atl, pintor de volcanes. Muchos también conocemos su obra. Por ello queremos con esta radiografía retransmitir, como aporte cultural la biografía de este ilustre enamorado, como todo mexicano, de la belleza natural que plasmó a lo largo de su existencia.

En 1910, al inicio de la Revolución mexicana, la pintura en México había llegado a su punto más bajo.

Porfirio Díaz había estado en el poder por más de 30 años y, en la voz de  Mackinley Helm (citado por Burton, 2000), “Nadie en el mundo, ni siquiera en la Inglaterra victoriana, había nutrido tan cuidadosamente el mal gusto en el arte y en la decoración, como lo había hecho México durante la dictadura de Porfirio Díaz”.

Uno de los individuos que contribuyeron a hacer un cambio radical en el arte mexicano fue Gerardo Murillo, más conocido como el Dr. Atl, quien es recordado como un ser bajito, delgado al extremo y, muy pronto, calvo. Y falto de una pierna.

Gerardo Murillo nació en Guadalajara en 1875, donde estudió hasta llegar a la preparatoria y, después, en la Ciudad de México, en la Academia de Bellas Artes. En 1896 el Presidente Díaz le donó mil dólares para ir a estudiar a Europa.

En México se estimulaba la copia de los grandes maestros. Murillo en el Salón de París ganó una medalla por un autorretrato con la influencia por los movimientos impresionistas y postimpresionistas de la época.

Es posible que Gerardo Murillo haya cambiado su nombre al de Dr. Atl  (Doctor, por su doctorado en Filosofía.  “Atl”, en náhuatl significa agua), lo que confirma   su personalidad  contradictoria y compleja.

Se cambia el nombre a “agua”, cuando lo que le apasionaba era el fuego y los volcanes, no sólo en busca de una identidad genuinamente mexicana. Acaso es una muestra de su personalidad, impetuosa como fuego, y que habría deseado tener la apacibilidad del claro líquido.

Regresó a Jalisco en 1903 lleno de sentimientos antiacadémicos, convencido de que el arte mexicano necesitaba  una revolución. Llevó a cabo exposiciones en Guadalajara y Tlaquepaque, donde obtuvo tanto éxito, que decidió intentar mejor suerte en la Ciudad de México. Aquí  trabó amistad con Joaquín Clausell, quien más tarde llegaría a ser el pintor impresionista más conocido de México.

También conoció a una sobrina de Joaquín  Clausell de 14 años, de quien se enamora de una manera desaforada, sin ser nunca correspondido. Poseedor de una pasión Volcánica, diría mucho más tarde: “Durante muchos años la amé desafortunadamente; durante muchos años. ¿Cuántos?… ¡No lo sé! Yo no comí, no dormí, no pensé y no viví, durante ese tiempo”.

Para curarse de amor, acaso como un reflejo de su personalidad, o como una pulsión de vida, desarrolló un nuevo amor: el amor por los volcanes.

“Para curar las enfermedades del alma no hay mejor remedio que 20 grados bajo cero entre las cumbres de un volcán… Huyó, loco de amor a los volcanes”

En 1910, apenas unos pocos meses antes de que iniciara la Revolución Mexicana, Atl pintó el primer mural moderno en México, anticipándose a Rivera, Orozco y Siqueiros. Para este mural Atl usó Atlcolor, un tipo de óleo sólido inventado por él.

El Atlcolor todavía se usa hoy, con gran popularidad por la facilidad con que puede usarse.

Después de otro viaje por Europa, encuentra a su país inmerso en la Revolución. Él se pone del lado de Carranza.

Rasgo característico de su personalidad fuera de la medida de sus semejantes, en ese entonces Dr. Atl usaba uniforme de oficial de la Fuerza Aérea Italiana, y usaba el nombre de Gregorio Stello.

Cuando Carranza tomó el poder, fue hecho director de la Academia de Bellas Artes, Academia que él mismo cerró, pero que le sirvió para conocer y trabajar con Rivera, Siqueiros y Orozco, a quienes promocionó, animó y enseñó.

Durante la Revolución todo mexicano vivía en peligro de muerte. Pero hay quienes buscan el peligro. Quienes apenas logran escapar por muy poquito. Quienes son encarcelados vez tras vez, y de manera asombrosa urden y ejecutan sus propios planes de escape.

El  Dr. Atl correspondía a ese tipo de personas. Una vida cambiante e inestable; cálida y peligrosa, como el fuego. Poseedor de cualidades políticas notables, las usó en diferentes momentos durante el movimiento armado, llamado la Revolución, para negociar con Zapata o Villa

También, como hombre volvió a enamorarse. Y fue correspondido.  Mañana te lo platico Bety.

craveloygalindo@gmail.com

 

 

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