Salvemos al país

Carlos Ravelo Galindo, afirma:

Luego de pronosticar  57 huracanes en el Pacífico y 24 ciclones en el Atlántico, el joven mandatario dio la orden: “Salvemos al país”. De inmediato el subsecretario Puente dispuso comprar botas de hule y paraguas, para todo mundo. Eficiencia, señores. Eficiencia. Luego de este paréntesis oficial el siguiente   trabajo  de un experimento universitario.

Sus pretensiones son las de impactar la conciencia.  La idea es muy simple. Leer las características y tratar de esforzarse por crear un mejor país más grande, más poderoso, más rico, más despierto, más nuestro. Más culto. Más educado. No  quedarnos callados con tantas tropelías. Y con los brazos cruzados.

Muchas veces nos quejamos de nuestras  circunstancias pero no hacemos algo, nada, por cambiarlas. Esta es una oportunidad para hacerlo  de acuerdo con las características del mexicano. Hagamos un esfuerzo por aplicarlas todos los días. Y transmitirlas, si lo crees prudente,  a una amistad.

Casi todos tenemos la tendencia de llegar tarde. Debemos como cultura, ser puntuales. Que estar a tiempo sea esencial, con la premisa de que el tiempo vale muchísimo y no es recuperable. Respetar nuestro tiempo como el ajeno.

No es costumbre trabajar en equipo, ayudarnos unos a otros. La tendencia es evitar que los  demás sobresalgan. Debemos unir nuestras capacidades con las de nuestros compañeros. Evitar ser  individualistas. Destacamos en disciplinas individuales en el deporte, Boxeo, caminata, clavados, maratón, etc. En otras, donde son once, seis o cuatro, “cada quien para su Santo”.

Nos encuadramos al Status Quo y temor enorme al  cambio. A lo que éste representa. Admitámoslo. Dejemos de ser “los hombres del mañana.  Tomemos una acción y no dejar pendientes. Terminar lo empezado, y cambiar el vicio de la desidia.

Claro que somos desordenados. Nunca hallamos las cosas en donde deberían estar. Principalmente en  nuestro trabajo. Aprendamos a darle un lugar a cada cosa y lo más importante dejar cada cosa en su lugar.

Nunca negamos la visión de llegar a ser un pueblo desarrollado. Pero no hay manera de alcanzarlo, sin la perseverancia para conseguirlo. Somos desesperados y buscamos resultados rápidos. El éxito depende de la constancia que tengamos. No olvidemos la una gota de agua  que cae continuamente sobre la roca logra perforarla. No  pueden hacer 120 millones decididos a cambiar su historia.

Ser responsable en todos los actos, en  todos  los  aspectos de nuestra vida. Sin  pretextos que no son más que el reflejo de nuestra soberbia. Eliminemos el ‘ahí se  va’,  ‘pues  ni  modo’,  ‘ya veremos’, ‘no pasa nada’, ‘se me antoja´ y ´me vale’  etc.  No nos mereceremos el país que tenemos.

Reconocemos no tener el hábito de leer ni de investigar. Necesitamos convertirnos en un pueblo culto, no meramente formal, sino a través de la predisposición a aprender. Es difícil engañar, someter y manipular a un pueblo educado. Que  conoce sus leyes, sus derechos pero sobre todo sus obligaciones.

Hay la tendencia a disfrazar la realidad, o a inclinarnos por el camino más  fácil, el de la corrupción, el engaño, la mentira, que  durante muchos años simuló ser una “democracia”, siempre manipulada y dirigida.

No esperemos a que alguien nos diga las cosas.  Dar un paso más allá, hacerlas por iniciativa propia.  Ser activos, no perezosos ni atenidos a las órdenes o sugerencias de la gente que nos rodea con el mando en las manos. Asumir la  responsabilidad por el área de influencia que nos corresponde. A discutir con conocimiento, fundamentos y datos.  Aprender a no envidiar, sino apoyar y de ser posible abrir paso a las personas que tienen  el  coraje  o  el  empuje  para salir adelante. No juzgarlos por sus legítimos logros.

Ejercer acciones que  ayuden a evitar la galopante corrupción. Y por nuestros hechos buenos o malos. La confianza siempre será la principal impulsora de nuevas ideas.

De cara  a  una ola mundial  de renovación ambiental, tenemos que aprender a cuidar  y conservar el medio ambiente. Nuestros mares, nuestros bosques, nuestro espacio, nuestro aire, nuestro país.   Crear una cultura del  deporte, tener una alimentación balanceada y buscar ambientes que lo favorezcan.

Sí,  no tenemos el  hábito de ahorrar. Porque no tenemos.  Pero siempre gastamos más de lo que se nos paga. Y por supuesto que se nos cubren estipendios raquíticos, comparados con lo de los funcionarios.

Ante los problemas que ensombrece a nuestra Nación, recordamos que en l968, cuando en Excélsior de don Rodrigo de Llano y Manuel Becerra Acosta se ordenó cubrir en todo el mundo los pronósticos que tenía México en la Olimpiada, en una entrevista en  Managua, el mandatario Anastasio Somoza, publicada en el Diario,  nos  manifestó lo que para él era la  democracia: “Al pueblo hay que dársela a cucharadas chicas, para que no lo enferme…” Y sobre la educación, dijo: “Entre más aprende la chusma, más exige. Con malos maestros, poca educación, y mano de hierro  se mantiene el status necesario en éste país y acaso también en otros…”

Es un ejemplo dirían en la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, Chihuahua, a quien agradecemos su estímulo.

craveloygalindo@gmail.com

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