ECONOMISTAS

ECONOMISTAS

Francisco Rodríguez Pérez

 

economistaEtimológicamente, la economía se define desde el griego “oikos” (casa u hogar) y nomos (administración), por lo que, ya como término, se ha utilizado originariamente para referirse a la “recta administración de la casa o hacienda familiar”. Como concepto, o propiamente como ciencia, han sido muchas las definiciones que ha recibido la economía: la ciencia de la riqueza; la ciencia de la administración de los recursos escasos o la ciencia que trata de la producción, la distribución y el consumo de bienes y servicios; la ciencia de la satisfacción de las necesidades humanas; la ciencia que se ocupa de la utilización de medios escasos susceptibles de usos alternativos, etc.

Pero no es de la definición de economía de lo que quiero escribir en esta ocasión, sino de algo mucho más sencillo: el Colegio Nacional de Economistas ha determinado que cada 6 de noviembre se festeje el día del economista a nivel nacional. Por ello, el viernes próximo pasado fue la celebración, al menos en México, del Día del Economista, así que me pareció importante felicitar a los colegas y aprovechar para hacer algunas reflexiones al respecto de la economía.

Podría parecer absurdo estar inventando días de todo lo imaginable, pero ¿qué tal nos caería algún regalo o alguna felicitación? Por ello, ante la imposibilidad de enviarles algún regalo, simplemente digo ¡Felicidades a los economistas!, al menos quienes lean esta colaboración.

 

En Cuba es el 26 de noviembre. Por cierto en estos días se ha reafirmado la hermandad México-Cuba al través de sus respectivos gobiernos. Allá entienden que el economista es un profesional de las ciencias sociales, experto en economía, cuyo trabajo y labor es esencial para entender y comprender los ciclos económicos y, por tanto, cómo y por qué la economía actúa de una manera y no de otra.

 

Por cierto la economía y más propiamente la Economía Política es la única Ciencia Social reconocida con el Premio Nobel, que se entrega cada 10 de diciembre, día del aniversario de Alfred Nobel.

 

En Perú se celebra el 9 de abril; en Colombia, el 3 de julio; en Argentina, el 21 de septiembre; en Venezuela, el 17 de noviembre; y en Ecuador, el 23 de noviembre, por mencionar algunos festejos nacionales del Día del Economista.

 

Queda claro que los economistas en México, en su mayoría, no se desarrollan en las áreas para las que estudiaron; en la universidad o facultad, se preparan para ser analistas del mercado, econometrístas, formuladores de políticas económicas o investigadores, entre otros…

 

Pero terminan desempeñándose como ejecutivos de cuenta en algún banco, cajeros, cobradores, contadores, auditores, profesores de universidad o de preparatoria, vendedores, burócratas, administradores y una lista interminable de ocupaciones que estuvieron poco o nada contempladas en los planes de estudio.

 

En otros casos, ante la falta de un empleo, los egresados se autoemplean en el comercio informal o contemplan estudiar la maestría, e incluso el doctorado, como una forma de obtener algún ingreso a través de las becas ofrecidas por diversas instituciones, mientras llega otra oportunidad.

 

Tampoco quiero ponerme a discutir al respecto, porque tendría que referirme a uno de los principales obstáculos para el economista mexicano y para todo profesional que se precie de serlo: el “cronycapitalism” definido por James J. Heckman como una economía donde unos cuantos se colocan en las cúpulas de poder y sólo sus allegados se beneficiarán accediendo a posiciones estratégicas.

 

No obstante, espero que a pesar de lo complicado que pueda ser el panorama para los economistas mexicanos y otros profesionales, aquellos que realmente amen la profesión hagan hasta lo imposible para acceder a empleos que les exijan aplicar lo que con tanto esmero estudiaron durante años, aunque sé que el resto se conformará con tener un empleo y un ingreso sin importar a lo que se dediquen…

 

A todos, pues, les deseo, un poco tardíamente, un feliz día del economista, la profesión que tanto amo, mi profesión original y básica.

 

Y, bueno, creo que sí podré hacerles llegar un regalo, al menos en formato de letras poéticas, que nos permitan reflexionar acerca del papel de los economistas en el mundo y en el país.

 

La economía ya tiene su arraigo en todas partes porque, como la política, es en todo caso un mal necesario, que afecta al mismo ser humano, a todos por igual. Por eso los teóricos e investigadores del fenómeno económico le llamaron Economía Política.

 

Desgraciadamente, la trayectoria actual de nuestra disciplina es manipulada por profesionales norteamericanos, que son los que establecen las reglas del juego en lo que se refiere a las políticas económicas que suponen convienen establecer o imponer a todos los países bajo su yugo.

 

Así, generalmente pensada en inglés e impuesta en el orbe por guerras directas o de baja intensidad, la economía avasalla  al través de la globalización, la forzada apertura  de las fronteras y la eliminación sistemática de otras ideologías que no concuerden con el neoliberalismo.

 

La economía privilegia, ahora, el “dejar hacer” y el “dejar pasar”. Y ha cubierto a la política y a la administración pública, a los gobiernos y las ciudadanías, de un velo de misticismo económico.

 

Se ha llegado a concluir que los tiempos actuales son los del economista, sobre todo porque los grandes problemas que aquejan a la humanidad son de carácter económico.

 

A contrapelo, a contracorriente, muy a la izquierda de las tesis neoliberales, al otro extremo, insisto que hay otras orientaciones para la economía, especialmente en México.

 

La actual Facultad de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México –institución que estrena Rector, por cierto, en la figura del Doctor Enrique Luis Graue Wiechers–ha aportado cuadros de muchos economistas  que en uno u otro sentidos, han plasmado su presencia en todos y cada uno de los sectores de la administración pública y en cargos de elección popular.

 

Por eso, dedicar un día para conmemorar la acción profesional del economista debe servir también, al menos en el fondo, para usarlo como un buen pretexto y hacer un balance de sus tareas, de eminente e innegable proyección social.

 

Me desmarco, pues, de los panegiristas del neoliberalismo, para hacerme de lado de los economistas revolucionarios y nacionalistas, aquellos que propugnan le Rectoría Económica del Estado y, desde ella, impulsan la Democracia y, sobre todo, la JUSTICIA SOCIAL.

 

EL REGALO

 

A esos economistas, revolucionarios, demócratas y justicieros; a los economistas de la Redención y la Salvación de la Patria y la Nación mexicanas, en este su día, quiero hacerles llegar el siguiente regalo: un extracto fundamental del poema de León Felipe, El Cristo… es el Hombre, cuyo mensaje ojalá entendieran, en su sencilla pero profunda enseñanza, los economistas neoliberales:

(…)

Ahí están,
ahí están en el aire todavía, temblando de emoción,
cruzando los cielos desde hace veinte siglos, en la
curva evangélica de una parábola poética,
estas palabras revolucionarias,
estas palabras prometeicas:
“Es más fácil que pase un camello por el ojo de una
aguja, que entre un rico en el reino de los cielos.”
Esta parábola originó nuestra lucha, nuestra guerra,
nuestra revolución hace diez años…
Porque frente al poeta doméstico que venía diciendo
que estas palabras evangélicas no eran más que
retórica… una manera retórica de hablar, se levantó
el poeta prometeico
el hombre heroico y revolucionario que dijo: No hay retórica.
El verbo lírico de Cristo y de todos los grandes poetas del mundo no es retórica.
Es un índice luminoso que nos invita a la acción y al heroísmo.
Y esta parábola del camello y de la aguja, del pobre y del rico
tiene un sentido que desentrañado y realizado, puede llenar, si no de alegría… de dignidad la vida del hombre.

Y esa es la exégesis heroica,
la exégesis prometeica, la exégesis revolucionaria. Escuchad:
Hay que salvar al rico, hay que salvarle de la dictadura
de su riqueza,
porque debajo de su riqueza hay un hombre que tiene
que entrar en el reino de los cielos,
en el reino de los héroes.
Pero también hay que salvar al pobre
porque debajo de la tiranía de su pobreza hay otro hombre
que ha nacido para héroe también.
Hay que salvar al rico y al pobre…
Hay que matar al rico y al pobre, para que nazca el Hombre.
El Hombre, el Hombre es lo que importa.
Ni el rico
ni el pobre importan nada…
Ni el proletario
ni el diplomático
ni el industrial
ni el arzobispo
ni el comerciante
ni el soldado
ni el artista
ni el poeta en su sentido ordinario y doméstico
importan nada.
Nuestro oficio no es nuestro Destino.

“No hay otro oficio ni empleo que aquel que enseña
al hombre a ser un Hombre”.
El Hombre es lo que importa.
El Hombre ahí,
desnudo bajo la noche y frente al misterio,
con su tragedia a cuestas,
con su verdadera tragedia,
con su única tragedia…
la que surge, la que se alza cuando preguntamos,
cuando gritamos en el viento.
¿Quién soy yo?
Y el viento no responde… Y no responde nadie.
¿Quién es el Hombre?…

 (…)

Economistas: “Nuestro oficio no es nuestro Destino”. Entendámoslo bien.

Sirva esta larga cita para plantarme, así sea en solitario, contra los economistas teólogos, pontífices, predicadores y proclamadores del neoliberalismo…

Treinta y cinco años tratando de implantar un modelo que no ha funcionado para el país; empeñados en imponer criterios ajenos cuando tenemos en la historia el Milagro Mexicano, la Rectoría del Estado, y antes y después de ello, el enfoque de economía nacionalista revolucionaria, en busca de la justicia social, lo más importante de todo, que en síntesis eso es la economía: la justa distribución del ingreso, de los bienes y los servicios.

Creo en una economía al estilo del Generalísimo José María Morelos y Pavón: una economía que sirva para MODERAR LA OPULENCIA Y LA INDIGENCIA. Creo también en la economía de la vertiente social del juarismo, la del justo medio, la de la HONRADA MEDIANÍA. Creo en la economía de la Revolución Mexicana, permanente, constante, eterna; en los ideales magonistas y en los decretos villistas, por ejemplo. Y creo, en fin, en el criterio de que es más importante la rebeldía que la propia Revolución.

Me sigo preguntando ¿qué es la economía?, y me respondo con una certeza: la economía es mucho, pero muchísimo más que “lo que hacen los economistas”.

Esa es la cuestión. Esa es la economía. La ECONOMÍA es, supongo, la JUSTICIA SOCIAL. ¡Feliz día de la economía y los economistas! ¡Felices días para México! ¡Hasta siempre!

 

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